Yacimientos arqueológicos cerca de Los Belones: 12.000 años de historia en Calblanque

Cuando pensamos en el Parque Regional de Calblanque es fácil que nos vengan a la cabeza las playas de arena dorada, las dunas o las montañas. Lo que cuesta bastante más imaginar es a alguien caminando por este mismo paisaje hace 12.000 años con un arpón fabricado en asta de ciervo.

Y, sin embargo, ocurrió.

Calblanque conserva varios yacimientos arqueológicos protegidos que permiten seguir la presencia humana en este paisaje durante miles de años. Algunos nos llevan a época romana. Otros, muchísimo más atrás.

No esperes grandes templos ni ruinas como las de Cartagena. En realidad, apenas queda nada visible a simple vista, y quizá por eso casi nadie sabe que están ahí.

Así que vamos a recorrer su historia desde las primeras huellas humanas conocidas en esta costa hasta la época romana.

Yacimiento arqueológico Cueva de los Mejillones

La Cueva de los Mejillones es uno de los yacimientos más antiguos y sorprendentes de todo este recorrido. Fue descubierta el 15 de agosto de 1978 por Pedro Escudero y Andrés Ros. Un año después comenzaron los trabajos arqueológicos dirigidos por Javier García del Toro, uno de los arqueólogos más conocidos de la Región y con una fama que llegó a valerle comparaciones con el mismísimo Indiana Jones.

Aquellos trabajos permitieron comprobar algo especialmente interesante: la cueva no fue utilizada una sola vez, sino en tres momentos diferentes de la Prehistoria, separados entre sí por miles de años.

La ocupación más antigua nos lleva al final del Paleolítico, hace más de 12.000 años, en una etapa conocida como Magdaleniense. Era una época en la que los grupos humanos vivían principalmente de la caza, la pesca y la recolección.

En la cueva aparecieron herramientas de sílex, una roca muy dura que se utilizaba para fabricar utensilios cortantes, además de arpones y azagayas (una especie de puntas o pequeñas lanzas de caza) fabricados con astas de ciervo.

Estos hallazgos fueron especialmente importantes porque permitieron identificar aquí una presencia clara de la cultura magdaleniense en el sureste de la Península Ibérica.

Miles de años después, la cueva volvió a utilizarse durante el Neolítico, una etapa que en el sureste peninsular comienza aproximadamente en el VI milenio a. C. Es entonces cuando las comunidades humanas empiezan a vivir de una forma más estable y se extienden la agricultura y la ganadería. De aquella ocupación se encontraron cerámicas hechas a mano y decoradas.

Y todavía más tarde llegó una tercera ocupación, durante el Eneolítico o Calcolítico, ya en torno al III milenio a. C., cuando empezó a extenderse el trabajo del cobre. En la Cueva de los Mejillones aparecieron cerámicas lisas, un punzón de cobre y pequeñas cuentas de collar realizadas en hueso, piedra y conchas marinas.

Parte del interior de la cueva fue removido hace décadas, antes de que se conociera bien su importancia arqueológica. Aun así, todavía quedan zonas con sedimentos sin alterar, lo que significa que podría conservar información arqueológica que aún no se ha estudiado.

La Cueva de los Mejillones no está acondicionada como lugar de visita y parte de su valor está precisamente en los sedimentos que todavía permanecen intactos.


Yacimiento arqueológico Abrigo de Los Dentoles

En la Cala de los Dentoles, también conocida como Cala Dorada, se encuentra el Abrigo de los Dentoles, otro yacimiento prehistórico de Calblanque.

Se trata de pequeños huecos poco profundos en la roca que podían servir como refugio temporal. Sabemos que algunos fueron utilizados por grupos humanos durante la Prehistoria.

Junto a uno de estos abrigos apareció un conchero, una acumulación de conchas dejadas por quienes recogían moluscos en la costa, los consumían allí y abandonaban después los restos. Algo parecido ocurrió en la cercana Cueva de los Mejillones, cuyo nombre se debe precisamente a la gran cantidad de conchas de mejillón encontradas en el yacimiento.

También se hallaron herramientas de piedra. Una datación sitúa estas evidencias hace aproximadamente 12.000 años, hacia el final del Paleolítico Superior.

Todo apunta a que no era un lugar ocupado de forma permanente, sino un refugio utilizado en determinadas épocas mientras aquellos grupos recorrían la costa y recogían moluscos entre las rocas

Yacimiento arqueológico Calblanque I

Avanzamos varios miles de años. El siguiente yacimiento, Calblanque I, nos lleva hasta hace unos 4.000 o 5.000 años

Aquí hubo un pequeño poblado durante el Eneolítico o Calcolítico, aproximadamente entre el 3000 y el 2000 a. C. Es la misma etapa que ya hemos mencionado en la Cueva de los Mejillones: un momento de la Prehistoria en el que las comunidades vivían de forma más estable y empezaba a extenderse el uso del cobre.

Hoy no quedan casas ni construcciones que podamos reconocer a simple vista. ¿Cómo saben entonces los arqueólogos que aquí hubo un poblado? Sobre todo por los restos encontrados en el terreno y por la forma en que se concentran en una zona concreta. Entre ellos aparecen numerosos fragmentos de cerámica hecha a mano, algunos con pequeños salientes que servían para sujetar mejor los recipientes.

Entre los siglos III y I a. C., ya en época romana, aparecen nuevas huellas de actividad humana. Se han encontrado restos de cerámica romana y fragmentos de ánforas, esos grandes recipientes que se utilizaban para almacenar y transportar productos.

Así que, en prácticamente el mismo lugar, quedaron unas encima de otras las huellas de dos épocas separadas por miles de años: primero un poblado prehistórico y, mucho después, presencia romana.

Yacimiento arqueológico Canteras de Calblanque

Si hasta ahora hemos hablado sobre todo de lugares donde la gente vivía, las Canteras de Calblanque nos muestran otra parte de la historia: aquí se ven las huellas de quienes venían a trabajar.

Hace más de 2.000 años, entre los siglos II y I a. C., los romanos aprovecharon las dunas fósiles de Calblanque para extraer piedra arenisca. Y, a diferencia de otros yacimientos de este artículo, aquí sí quedaron marcas bastante evidentes de aquella actividad.

Los arqueólogos han identificado varios frentes de cantera, es decir, las paredes de roca que iban quedando a medida que se cortaban y sacaban bloques de piedra. El mayor ocupa unos 260 metros cuadrados y conserva paredes que alcanzan en algunos puntos los tres metros de altura. Otro frente se extiende durante unos 50 metros.

Junto a las canteras se conserva además un tramo de calzada romana que servía para acceder a la zona y transportar la piedra extraída.

También se han localizado zonas donde se extrajeron sillares de forma aislada, fragmentos de cerámica romana y un hallazgo especialmente curioso: parte del fuste de una columna, muy deteriorado, de unos 60 centímetros de diámetro.

Es fácil mirar hoy las dunas fósiles de Calblanque y pensar únicamente en un paisaje natural. Pero hace más de dos mil años algunas de esas mismas rocas eran un lugar de trabajo, donde se cortaban bloques de piedra para utilizarlos después en construcciones.

¿Acabó esa piedra en algún edificio concreto de la antigua Carthago Nova? No lo sabemos. Cartagena necesitaba enormes cantidades de materiales de construcción en época romana, pero no tenemos pruebas que permitan relacionar estas canteras con un monumento determinado.

Yacimiento arqueológico Calblanque II

Muy cerca de las antiguas canteras aparece otro yacimiento romano: Calblanque II, fechado entre los siglos II y I a. C.

Aquí se han encontrado fragmentos de ánforas y otros restos de cerámica, pero lo más curioso son las huellas que quedaron directamente sobre la piedra. En una de las dunas fósiles se conserva el hueco dejado al extraer un bloque de roca, junto con las marcas de las cuñas que se utilizaron para separarlo. También apareció cerca un gran sillar rectangular fragmentado.

Es decir, todavía podemos ver señales del proceso que seguían los canteros romanos para sacar los bloques hace más de 2.000 años.

La cercanía de Calblanque II a las Canteras de Calblanque y el hecho de que ambos lugares sean de la misma época han llevado a los arqueólogos a plantear una posibilidad interesante: que este yacimiento estuviera relacionado con las personas que trabajaban en aquellas canteras.

No sabemos si vivían exactamente aquí ni qué función tenía el lugar, así que hablamos de una hipótesis. Pero sí parece claro que ambos yacimientos formaban parte de un mismo paisaje romano en el que se extraía y trabajaba piedra.

Y todavía hay otra pequeña pista que nos lleva mucho más atrás. Entre los materiales romanos aparecieron también algunos fragmentos de cerámica hecha a mano que podrían ser prehistóricos. Los arqueólogos plantean que quizá estén relacionados con Calblanque I, el poblado de hace 4.000 o 5.000 años del que acabamos de hablar.

Un paisaje con miles de años de historia

Mucho antes de que Calblanque fuera el espacio protegido que conocemos hoy, ya había personas recorriendo esta costa. Primero fueron grupos de cazadores y recolectores que encontraron aquí refugio y alimento. Después llegaron comunidades que fabricaban cerámica, trabajaban el cobre y se asentaban de forma más estable. Y, siglos más tarde, los romanos dejaron también su huella, entre otras cosas extrayendo piedra de las dunas fósiles.

Quizá por eso estos yacimientos resultan tan interesantes: nos recuerdan que el paisaje no solo guarda naturaleza. También guarda historia.


Conocerlos sí. Alterarlos, no

Estos yacimientos están protegidos y ninguno está acondicionado como lugar de visita arqueológica. En algunos casos, además, lo más importante ni siquiera es lo que puede verse en superficie, sino lo que todavía permanece bajo tierra

Un fragmento de cerámica puede parecer una piedra más, pero su posición, la capa en la que aparece o su relación con otros restos puede aportar información muy valiosa. Moverlo o llevárselo significa perder parte de esa historia.

Por eso, la mejor forma de acercarnos a estos lugares no siempre es buscarlos sobre el terreno. Saber que existen, entender qué ocurrió aquí y mirar el paisaje con otros ojos ya es otra forma de descubrir Calblanque.


Fuentes consultadas

Para la redacción de este artículo se han utilizado principalmente las resoluciones oficiales de Patrimonio Cultural de la Región de Murcia publicadas en el Boletín Oficial de la Región de Murcia (BORM) sobre la Cueva de los Mejillones, Calblanque I, Calblanque II y las Canteras de Calblanque.

También se han consultado el Catálogo Arqueológico del Ayuntamiento de Cartagena y distintas publicaciones arqueológicas sobre la Prehistoria de esta costa, entre ellas trabajos de Javier R. García del Toro sobre la Cueva de los Mejillones y de Miguel Martínez Andreu sobre el Abrigo de los Dentoles y las ocupaciones paleolíticas del litoral de Cartagena.

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